Cuenta la leyenda que surgieron de la corona de una diosa, la Venus del Mar Tirreno, que un día al surgir de las aguas, rompió su diadema, saltaron sus perlas y allí quedaron para siempre convertidas en pequeñas islas: Gorgona, Capraia, Elba, Pianosa, Montecristo, Giglio y Giannutri.
Aunque todas son magníficas, dos de ellas son las más conocidas: Elba, la mayor de todas, porque fue allí donde Napoleón vivió su destierro; y Montecristo, por ser la misteriosa tierra donde al escritor francés Alejandro Dumas “se le ocurrió” guardar un tesoro por parte del abate Faria, y que luego regaló a Edmundo Dantés.
Fue tanta la aceptación del público por la novela, que su autor dio el nombre de la isla a su fabuloso castillo, comprado, por supuesto, con las enormes ganancias de sus obras y perpetuar el misterioso nombre de esta isla Toscana: Montecristo.
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